Montaje de estructuras metálicas: cómo evitar retrasos, sobrecostes y problemas en obra

El montaje de estructuras metálicas es la fase donde se comprueba si el proyecto está bien planteado. Una estructura puede estar correctamente diseñada y fabricada, pero si el montaje no se planifica, aparecen retrasos, retrabajos y problemas de alineación.

Todo empieza con el replanteo y la comprobación de cimentación: niveles, ejes, posición de pernos y planitud. Un error de milímetros en anclajes puede traducirse en horas de ajuste en obra. Por eso, antes de elevar la primera columna, se revisan placas base, holguras, arandelas, nivelación y verticalidad.

Después viene la secuencia de montaje. No se trata de “poner piezas”: hay un orden lógico para garantizar estabilidad temporal. Se levantan pórticos, se arriostran, se colocan correas, diagonales y elementos de rigidización. En estructuras para cubierta o para nave industrial, este punto es crítico para que la estructura no “trabaje” durante el izado.

Otro aspecto clave es la elección entre uniones atornilladas y soldadas en obra. Las atornilladas suelen acelerar el montaje y facilitan inspección, mientras que la soldadura en obra requiere condiciones adecuadas y mayor control. En ambos casos, el apriete correcto y la tornillería adecuada son indispensables.

La seguridad también es parte del montaje: puntos de anclaje, líneas de vida, maniobras de grúa, zonas de acopio y accesos. Un montaje profesional no solo reduce riesgos, también mejora plazos.

Finalmente, conviene realizar un control final: verticalidades, diagonales, apriete, estado de recubrimientos, remates y puntos singulares. Cuando el montaje se ejecuta con método, el cliente gana en plazo, en calidad y en tranquilidad.

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